
La fundaciones de estas casas en Irlanda se remontan al siglo XIX como refugio para prostitutas y mujeres que habían "perdido la gracia de Dios". Su nombre se debía a la figura bíblica de María Magdalena, ex-prostituta que se arrepintió ante Jesucristo y tuvo el honor de lavarle los pies. A comienzos del siglo XX las casas pasaron a manos de la Iglesia católica, que impuso un régimen mucho más severo. La gestión de las casas fue confiada a las hermanas de la Misericordia, que obligaban a las mujeres a lavar la ropa blanca de los hoteles locales, universidades, instituciones, entre 8 y 10 horas al día, 7 días por semana, sin recibir retribución alguna. La sociedad, que juzgaba a estas jóvenes inadecuadas o "en peligro" en la vida normal, consideraba que ésta era la mejor forma de hacerles expiar sus pecados.